Un viaje de ida
- pielconsaboraversos

- 18 mar 2021
- 8 min de lectura

Soy Rachel vivo en su van camper, una camioneta estilo trafic camperizada, con deco shabychic/ naif, bueno como mi propio estilo. Tengo todo lo que se necesito para una vida plena y feliz, simple, minimalista, sin lujos, vivo recorriendo el mundo como una nómada. Luego de muchos años de vivir en la matrix, decidí salirme del sistema y vivir la vida como siempre había querido. Lo que implicó un cambio importante en mi manera de pensar, consumir, comprar, incluso con quien me relaciono.
Hace unos cuantos días recibí el llamado de mi amigo, Bruno, me dijo que iba a estar por aquí y que quería que nos reencontremos. Emocionada y con ganas de verlo, lo invité a quedarse conmigo en la caravana y pasear juntos y descubrir una vida mas hippy, que él pueda conocer mi vida actual, él era un gran amigo de la vida en la matrix, mi confidente, mi amigo a la distancia.
El día llegó y el encuentro fue increíble, con muchas risas y abrazos. por unos cuantos días condujimos de pueblo en pueblo y vimos los mejores atardeceres, amaneceres y paisajes de España, cada día era único. Desayunando desde la camioneta, con las puertas abiertas, respirando el aire fresco, escuchando los pájaros o algún río cercano, viendo la inmensidad del mundo. Juntos, respetando el silencio y los espacios del otro. Me gusta la idea de enseñarle mi nueva filosofía de vida, quiero transmitirle todo lo que puedo, que aprenda de esto que es nuevo para él, que la vida es mucho mas simple que lo nos quieren hacer creer.
Por varios días yo dormía en mi cama y Bruno en una litera, me parecía que era lo acorde, aunque tal vez no era lo mas cómodo. Así que un día lo invité a dormir la siesta conmigo, en mi cama, lo vi cansado y me pareció que tal vez la litera no era tan cómoda como parece para tantos días. Esa siesta nunca fue siesta, fueron charlas, charlas muy profundas, charlas llenas de sentimiento, intimidad y confesiones. Acompañadas de caricias, abrazos y cosquillas, y cruces de miradas con deseos, silencios y respiraciones agitadas. Se notaba una energía que nos rodeaba, una conexión muy extraña, pero linda, me gustaba estar así, en ese momento, de esa manera. Entre tantas charlas le conté que luego de tantos años de pareja me había olvidado lo que era vivir una vida plena de sexo y deseos, le conté que me había animado a probar cosas nuevas, que había conocido a un moreno que me había enseñado.
La tarde avanzaba y decido cambiarme, me puse “mis mejores galas” – un short de jean, unos borcegos, una camisa negra, un poco de maquillaje y mi sombrero negro , le insistí a Bruno que se cambie, que se ponga lo que quiera, quería llevarlo a la mejor fiesta que jamás haya vivido, ni cerca de lo que él pueda imaginarse. Era una fiesta en el bosque, con poca gente, algo de 50/60 personas, música techno, chill out, dj en vivo que tocaba instrumentos de percusión de metal (hangdrum) y (didgeridoo) , la gente vestida muy hippy y todos Vivian el momento, el ahora. Muchas caricias, muchos besos, mucha pasión entre todos los invitados, así son las fiestas por estos lados… llevaba a Bruno de la mano y le iba contando lo que iba a vivir, que se deje llevar, que disfrute, que sea libre y pleno, que respire, que sienta con todos sus sentidos, que baile lento, que baile solo y con quien venga a invitarlo. En eso me encuentro con mi grupo mas íntimo, y estaba mi mentor sexual (bueno, yo lo llamo así) a quien abrazo y beso muy apasionadamente, Abdú, es un moreno de 1.95 alto, musculoso, que vive su sexualidad de manera plena y libre, sin tabúes, sin vergüenzas. Bailamos juntos frotando nuestros cuerpos de manera muy sensual, se acerca Ginni, otra amiga, con su cabellera larga de rulos color ceniza, con una piel perfecta y rasgos delicados, me abraza y me besa en la boca. Bruno miraba de lado, no entendía mucho de que iba todo, pero Ginni lo abraza, le da la bienvenida y lo invitó a bailar con ella, los 4 bailábamos, sintiendo la música como si fuera parte nuestra. Nos sentíamos flotar… para animarlo mas a Bruno, lo tomé de las manos y bailé con él, muy lentamente acariciando su espalda, brazos y abdomen con mis yemas de los dedos, mirándolo a los ojos, lo besé rozándole la lengua por sus labios, mordisqueándole con suavidad el labio inferior, lo miré, le hice un guiño con el ojo y le pasé con la punta de la lengua una pastilla. Seguimos bailando los 4, quizá 5 o 6, de a dos, pero él a pesar de bailar con alguien mas, no me sacaba la mirada de encima, se lo notaba excitado, me miraba mientras me contorneaba al ritmo de la música y Abdú me tocaba y me besaba el cuello. Bailaba con Ginni, sentía que flotaba y necesitaba rozar mis manos con todos los demás, incluso de vez en vez me besaba con alguna otra chica que pasaba por mi lado, yo no paraba de mirarlo, mientras seguía besándome con mi moreno. Pasó la noche, fue una noche larga, pero lo pasamos tan bien que ni notamos cuando empezó a asomar el sol, ya exhaustos de tanto baile, aun bajo los efectos de las drogas lo tomé a Bruno de la mano y junto a Ginni y a Abdú nos fuimos a la orilla del mar, a ver el amanecer, nos siguió Marco, el amigo de Ginni, morocho, flaquito, con pecas. Quien al llegar a la arena se acuesta a mirar el cielo. Abdú se sienta en la arena, y se quita las zapatillas y la camiseta, quedándose con los pies apoyados y las piernas abiertas, una mano sobre su rodilla. Ginni y yo metimos los pies en el agua y seguimos bailando y riendo, besándonos en la boca o en el cuello y entrelazando nuestros dedos, extendí mi mano hacia bruno para que se una a nosotras, ya sin nada de timidez, empezamos un baile sensual de a 3 con muchas caricias , nuestras lenguas empiezan a mezclarse, nos reíamos y seguíamos bailando, abrazándonos, jugando, Abdú nos miraba desde su lugar, seguía sentado en la arena, descalzo, lo miro, se muerde el labio inferior y pasa su lengua por sus labios, disfruta lo que esta viendo. Los dejo a Ginni y a Bruno que sigan con su jugueteo erótico y me acerco a Abdú, me senté encima de él con las piernas abiertas , nos acariciamos y besamos, nuestra respiración iba en aumenta al ritmo de los latidos y con movimiento lento de pelvis me movía sobre él, hasta que en un suspiro fuerte llegamos al orgasmo al mismo tiempo.
Recuerdo que fue una noche increíblemente caliente, no quería que terminé, lo estábamos disfrutando muchísimo.
Decidimos volver a la camioneta, nos despedimos de Abdú y de Ginni, con un lindo abrazo, y fuimos caminando por el bosque, alejados por unos metros, en silencio, pensativos, yo iba pensando en la noche increíble, supongo que Bruno iría pensando algo similar, se le veía la cara de que aún no caía en todo lo que había vivido. Muy relajada me desnudé, y busqué entre mis sábanas una camiseta que usaba de pijama, y sin más me acosté para dormir, sin hablar, sin habernos cruzado palabra alguna, le hice gestito con la mano a Bruno para que se acueste conmigo, me quedé viéndolo mientras se quitaba la ropa dejándose solo el boxer color negro. Pasaron apenas minutos, nos quedamos dormidos tomados de la mano.
A la mañana siguiente, preparé el desayuno, era una mañana hermosa con calor, y ni una nube, me tomé mi café sentada en el borde de la van admirando el paisaje, sin hacer ruido. Hasta que sentí una mano suave en la nuca y un buen día, seguido por un beso en la cabeza. En silencio sentados los dos mirando el horizonte, hasta que él me dice: “que fue todo eso que pasó anoche? Lo pasé increíble, pero había una energía muy buena, sentí contacto conmigo, con la naturaleza y una conexión con los demás que nunca me habían pasado. Y que fue lo que pasó con Abdú? “ le cuento que mis encuentros sexuales habían cambiado mucho, que Abdú era mi mentor en el sexo tántrico, que vivíamos un amor libre, que teníamos sexo ocasionalmente y cada uno con otros y a veces juntos invitando a alguien mas, que podía pasar un tiempo sin vernos pero cada encuentro con él eran increíbles. Él me había enseñado a amar sin ataduras, amar libremente, a disfrutar cuando los 2 estemos dispuestos. A probar el sexo con diferentes personas, a gozar sin penetración, solo con miradas, respiraciones y descubriendo los puntos erógenos de la otra persona, al sexo lento y también al sexo duro y desenfrenado, al sexo multitudinario, a disfrutar de ver gozar a tu compañero.
Bruno me dice: “y no querés enseñarme vos a mi?” Acercándose y tocándome el hombro, lo tomé de la mano, me levanté, y empecé a besarlo y entre besos le susurré: “mira que esto es un viaje de ida, así como te dije ayer que tenés que vivir el ahora y dejarte llevar y que cada uno de tus sentidos disfrute”. Llevándolo a la cama, le pedí que cierre los ojos…y desnudos los dos le empecé a pasar una pluma por todo su cuerpo, y lo besé con los labios muy suavemente en sus hombros, en su pecho, en sus manos, en su ombligo, en su pelvis, de un lado, de otro, en sus muslos, luego subí con la lengua nuevamente hacia uno de los lados de su pelvis, de nuevo al ombligo, de nuevo a su pecho y a su cuello. Lo acaricié con la punta de mis dedos por todo el cuerpo, en silencio escuchando sus respiraciones. Volví a bajar rozándolo con mi cabello y soplando suavemente por su piel, hasta que lo empecé a besar lentamente en la entrepierna, acariciando su panza con los dedos, suavemente y luego con mas ritmo, nos miramos a los ojos mientras seguía besando su pene y una explosión de energías y placer llegamos al orgasmo, me gustaba esperarlos para ser uno en ese momento de clímax.
Luego de pasear por 3 días, conocer lugares hermosos, volvimos a una nueva fiesta, pero mientras estábamos llegando le advertí que esta vez no importa la ropa, y que lo mas importante era no juzgar y tener la cabeza bien abierta.
La fiesta era en una piscina y estaban todos desnudos, teniendo sexo entre sí, en pequeños grupitos, 3 chicas por allá, 2 chicos por el otro lado, una orgía de 5 en un sillón. Cada uno en su mundo con música de fondo, luces tenues. Las 3 chicas que estaban jugueteando a nuestro lado lo llaman a Bruno y entre masturbaciones, besos y mamadas gozan, yo volví al encuentro con Ginni, recuerdo que nos metimos en la pileta y empezamos a besarnos. Bruno no dejaba de mirarme a lo lejos. Llegó Abdú por detrás, no lo había visto, me besa, la besa a Ginni y nos besamos los 3. Ginni sale del agua en búsqueda de Bruno, mientras que Abdú me penetra agarrándome por detrás. Se suman Ginni y Bruno, nos besamos los 4, nos tocamos, jugamos con nuestros dedos, hasta que decidimos ir a uno de los sillones de una esquina, donde entre los 4, entre caricias, besos y movimientos de un cuerpo sobre el otro, sexo oral y penetraciones , visto desde afuera era una danza sensual de fluidos y gemidos. Nos corríamos pero seguíamos en esa danza sensual y sexual, disfrutándonos, gozando de nuestros cuerpos.
Otro día inolvidable, otro día de disfrute, de conocernos, de sentires y sentimientos, de deseos, de lujuria, de amor, de entendernos, de compartirnos.
Fueron los mejores 10 días, extraño a Bruno conmigo, con nosotros. Tuvo que volver a su vida, pero sé que para él también fueron los mejores días, lo recuerdo y disfruto de esas sensaciones que vivimos, de su cuerpo, extraño sus besos y caricias y me toco y gozo cada vez que viene a mi cabeza. Me toco y me corro al pensarlo, al pensarme entre sus manos, al pensarnos los 4 siendo uno.



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